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A Place Where the Sun is Silent [ Afiliación Normal ]

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A Place Where the Sun is Silent [ Afiliación Normal ]

Mensaje por Thespian el Miér Dic 28, 2011 8:11 pm

Nombre del Foro:


A Place Where the Sun is Silent


 
Webmaster/Administrador:

The Thespian


 
Link/URL:

Código:
http://aplacewherethesunisi.foro-activo.com












Botón & Código de Afiliación:



Código:
 [url=http://aplacewherethesunisi.foro-activo.com][img]http://illiweb.com/fa/pbucket.gif[/img][/url]
 

Historia:


Foro
de Rol Yaoi psicológico, ambientado en la historia escrita de la banda
estadounidense post-hardcore "ALESANA": " A Place Where the Sun
is Silent ", basada a su vez en la "Divina Comedia", del poeta
florentino Dante Alighieri


A Place Where the Sun is Silent:
"Mantenme
con vida.
Y
golpéame y tortúrame.
Y todavía
no entiendo: No - no volverá"





Intento
discernir cuándo fue que llegué a esto. A este oscuro lugar dentro de mí mismo
que hizo que cometiera el peor error de mi vida. Una acción por la que
eternamente seré perseguido y nunca tendré paz. Es mentira aquella aseveración
de decir que te has vuelto loco. Locos estamos todos. El mal de la humanidad
somos nosotros mismos, con la semilla de la perversidad aguardando brotar,
germinando lentamente en esos recovecos vacíos que conforme crecemos, vamos
descuidando. Entonces esa maldad natural va ganando terreno, en secreto,
escondiéndose de la conciencia para hacer su espectacular aparición cuando
menos lo esperemos. De la forma que menos esperamos.


 


Y
es curioso el cómo intentamos luchar contra esa naturaleza innata, amortiguar a
la fiera que no se doma y negarnos, sólo para evitar dañar a terceros.
¿Pérdidas sin daños? No creo que haya. El dolor es inevitable, pero el
sufrimiento es opcional.


 


La
culpa del asunto no sé decir de quién ha sido. He de suponer, para cuadrar las
cuentas, que es equitativa. No confío en mí. Me conocieron por quien no era y
cuando quise desmentirlo, no pude. Esa noche, oscura como lo más profundo de
todo ser, estaba en relativa calma. No recuerdo bien si tomé el cuchillo antes
de volver a la habitación o si esperaba por su presencia con él en mano. La
memoria a veces decide olvidarse de lo que se ha vivido para no preservar
ciertos recuerdos que a pesar de desesperados intentos, se mantienen a salvo.
Todos estamos hechos de pedazos incompletos de memorias, fabricados por estas
delicadas piezas que potencializan la locura. Alguien debería hacer saber
entonces que es en ellos donde radica el origen de todo mal, del desentono.
Así, por ejemplo, se ahorrarían millones de locos emergidos de sus recuerdos.
De la locura que otorga una fotografía, un aroma, los días y sus ecos.


 


¿Pero
quién rayos puede decir dónde empieza el bien y termina la maldad? ¿Quién es
quien lo juzga, quien castiga? Nuestras acciones tienen consecuencias y no se
puede huir jamás de ellas. Tarde o temprano nos alcanzan, por mucho que
evadamos su rostro. Tampoco recuerdo si llovía o si era el viento presagiando a
mi amor lo que haría, advirtiéndole que corriera por su vida. Iluso. Puede ser
que esa lluvia ya borrada, fueran goteos de mi alma. De todos modos no creo que
importe. No creo tampoco que nadie más pueda juzgarme tan conscientemente y con
la misma precisión como yo mismo lo he hecho: Soy culpable, terrible y
absolutamente responsable de haber derramado con violencia la dulce esencia de
la única persona que he amado más que a mí mismo, mi vida. Sí, matarle fue
difícil.


 


Siento
su crispamiento bajo mi cuerpo todavía, veo sus ojos poco a poco ir perdiendo
esa belleza tan espectacular que ni en este ni en ningún otro mundo seré capaz
de encontrar. Oh, sus labios. ¿Dije ya que fueron siempre tentadores? Los
acaricié después de que su cuerpo se quedó quieto. Los probé una y otra vez,
con la tentación ferrosa adornándole como pequeñas luces alboradas, seduciendo
a su propia muerte.  Tengo que irme de
aquí, lejos de su belleza para siempre inmortal. Le maldije, eso fue todo lo
que hice. Grité y suplicó, pero nadie merece vivir así.


 


Por
favor, dime que siempre serás mío. En orden, después y más profundo, sediento,
cálido y deshecho. Creo que estoy enloqueciendo sin ti. Tú, la luz de mi alma,
mi única razón de permanecer atado a esta silente austeridad. Te concedí tal
poder sobre mis emociones y mi persona. ¿Quién diría que terminaríamos en esto?
No es que no te haya amado. Dios sabe que tú, más que ninguna otra persona en
esta tierra, eras mi todo. Te alimenté con el poder de mis sentimientos, de mi
amor; haciéndote disfrutar de mí, al hacerme tú disfrutar de ti. Te di
autoridad en mis acciones y con ello te otorgué la capacidad para destruirme.
¿Mi verdad? Algo falló, lo sé. Y no, no volverás.


 


Aún
escucho su respiración. Acelerada, suplicante, oh dios mío, tan perfecta aún en
la agonía. Son los recuerdos que sobreviven los que me torturan de esta brutal
manera y que calladamente vencen a mi razón, sin prisas, dios, sin prisas. Aquí
casi no hay aire. Pero aún le escucho respirar. Siento el temblor de su ser, de
su corazón –el verdadero dolor.


 


Matarle
fue difícil, aunque el matar siempre es difícil. Ahora que la noche será mi
enorme casa, voy a llevar su cuerpo oscuramente mío; sí, el recuerdo será un
placer íntimo y sencillo. Una retorcida manera de permanecer juntos después de
la muerte ha sido lo que he hecho. Dijo que siempre me amaría. Bueno, habrá que
hacer justicia. No creo que nadie entienda de ello tal como lo entiendo yo.
Cuando amas, entregadamente y con la razón puesta en tu eterna adoración, no existe
nadie. No existe nada.


 


Nadie
va a entender porqué no me arrepiento tan sinceramente cuando lo hago, en el
más remoto caso de que pueda hacerlo. Una estrella en la nieve, sus manos
suaves, el silencio. No sé si sea cierto eso que dicen que existe un lugar más
allá de la vida donde pagas las acciones que cometiste en esta tierra podrida y
prestada. Yo sólo sé, porque lo he hecho, que toda acción tiene una
consecuencia inexorable. No voy a lamentar en lo que me he convertido. Lo que
mi amor ocasionó en mí; los estragos, las heridas, el suicidio. Amar es una
especie de suicidio. Entregas todo –o parcialmente, si tienes más raciocinio
que el mío –para no esperar absolutamente nada a cambio, rogando por un poco de
condescendencia humana. No es mucho pedir si se razona básicamente. La
oscuridad que habita en mí llegó un día, casi de la nada a hacer acto de
presencia.


 


Y
digo “casi de la nada” porque sé que tal como el cazador acecha a la presa,
ésta me cazó durante un tiempo prudente. La oscuridad siempre estuvo allí, a
todas horas, todo el tiempo. Sólo que nunca me molesté en presentarme ante ella
y ahora debo aprender a vivir con lo que soy. Tengo que vivir con las
decisiones que he hecho, aun si eso implica que no pueda hacerlo conmigo mismo.



 


Hubo
un tiempo en el que las cosas fueron diferentes, pero ahora no lo recuerdo.
Sólo sé que esa noche fría y puede que lluviosa, en la oscuridad de mi
habitación y durante el más frío de los inviernos, acabé con la única luz que
tuve durante muchos años. Cariño, tan cálida fue tu sangre carmesí; venenosa,
dios, tan placentera.


 


No
pude evitar acariciar su rostro. Después de todo, su belleza seguía
pareciéndome un insulto. ¡Ah, temeridad de todos los dioses! Nunca vi rostro
más perfecto ni sublime. Aun en la muerte, seguía siendo inalcanzable. Puedo
sentir el último suspiro ahogado, su adiós definitivo, la bienvenida justa de
nuestro “para siempre”. Siempre creí que para siempre era mucho tiempo. Bueno,
el tiempo se ha vuelto algo bastante relativo. ¿Qué ha sido ayer, qué es el
ahora, qué es eternamente siempre? No importa. De este lado, nada importa. Sí,
yo le maté, ya lo he dejado en claro. Soy un loco con todo el derecho a serlo,
¿me oyen? ¡Con todo el derecho a serlo!


 


Su
sangre lavó mi cordura y su piel marchita alejó de mí toda paz. Sentí su
corazón suplicarme clemencia; escuché sus ruegos, pero no hice caso, no. Sólo
me dejé llevar por el instinto animal en nombre del amor que le profesé un día.
No quise matarle, es cierto; pero cuanto más se resistía a morir, más fuerza
apliqué en los movimientos que cegaron su vida cual relámpago. Una lagartija
escurridiza escabulléndose de mis pasos.


 



que tarde o temprano las cosas acabarían de esta manera. Le advertí una y mil
veces que era peligroso, que mi amor acabaría haciéndole daño, pero no le
importó de manera alguna. ¿Tendría que haberme importado entonces? ¿Es culpa
mía o hay más de un culpable? Quiero decirles algo: Podría haberse salvado.


 


No
sé si pasaron horas o días en secreta convivencia con su cuerpo frío. El amor
de mi vida, asesinado por mi propia mano. He de decir en mi defensa que si hice
lo que hice fue por mero amor, sepan ustedes. Amor, simple y llanamente como
eso. La desesperación de saber que podría perderle, de que se fuera y me abandonara
fue el miedo que indujo a generar la angustia y ansiedad en mi alma y que poco
a poco, destrozó lo que quedaba de entendimiento. No, porque no iba a resistir
que se fuera. No sabría vivir sin él y ahora que debo hacerlo, sé que he
enloquecido.


 


Una
mordida directa al corazón fue saber que le había perdido. ¿Pero no dijo que
estaríamos juntos incluso después de la muerte, no lo prometió, no juró eso
ante los dioses todos de la tierra entera? Ah, gloriosa pulcritud de la verdad
más pura en el planeta; agua dulce, cálida ternura, remanso al pendenciero de
rodillas gastadas. Es por eso que he llegado hasta las últimas consecuencias.
Nadie va a entender porqué este amor que profeso es más fuerte que mi voluntad.
Porqué mi vida está cifrada únicamente en su presencia, su calidez, su dulzura
humana e inmaculada. 


 


Las
luces de la ciudad me enceguecen, pero intentaré arreglarlo. El viento agita
mis ropas ensangrentadas, pero no distingo exactamente hacia dónde me estoy
dirigiendo. Ni siquiera sé cuánto tiempo es el que llevo corriendo, intentando
encontrar algo que no recuerdo qué es. ¿Me dirijo a algún lado en concreto? Mis
piernas me duelen y estoy cansado de todo esto. Sé que despertaré y al dar la
vuelta encontraré a mi amor, como cada mañana.


 


Pero,
¿debería ser diferente? Probé a intentar que su amor me salvara de mí, de mi
dependencia. ¿Y qué logré? Nada. Absolutamente nada, más que acabar con lo que
empezamos. Oh, creo que por fin empiezo a terminar las cosas que inicio. ¿Es
así? No recuerdo que este lugar hace cinco minutos fuera un bosque. No recuerdo
nada, sólo el crispamiento de su cuerpo, el último suspiro y el éxtasis de su
silencio. Empiezo a creer que estoy corriendo en círculos. Estoy intentando
alcanzarte, maldita sea, ¿puedes detenerte para mí, sólo esta vez, por favor?


 


Creo
recordar inútilmente porqué me riega una sensación de abandono y vacío cuanto
más tiempo me parece que llevo corriendo. ¿Es este el castigo que debo recibir
por algo que no cometí? No. Es esta la manera en que me pagas tantos años de
cariño. Es esta tu cruel manera de fingir que no ha pasado nada y que todo está
bien. Que todo estará bien.


 


No
veo cual es el punto de esta absurda carrera en medio de la nada. No veo el
punto de porqué debo pagar por haberte amado.


 


Esto
no es lo que soy. Ese otro ser que es un desconocido habitando el cuerpo que
camina y sostiene el arma de su misteriosa y sangrienta obsesión manchada con
el grito del cuerpo de su amado, no es lo que soy.


 


Todo
el mundo tiene obsesiones. Algunos más que otros. Y por cada obsesión sana, hay
otra que no lo es tanto.


 


Mi
pecado fue haber matado al amor de mi vida.


 


Y
dime, viajero, ¿cuál es el tuyo?




Dónde les hemos Afiliado:


Afiliados
Normales


Código:
http://aplacewherethesunisi.foro-activo.com/h2-afiliados

Thespian
Invitado


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Re: A Place Where the Sun is Silent [ Afiliación Normal ]

Mensaje por Jasper Von Richthofen el Miér Dic 28, 2011 8:18 pm



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